
Caminas triste muchacho, junto al desfile de olas gimientes que reverencian tus pies cansados, vas abrazado fielmente por el claro de luna.
No pienses en nada. Deja que el viento dirija tu febril canto, que las cuerdas del arpa que rasgas con tus frágiles dedos sean tus llantos deprimidos. Yo sé que duele.
¡Oh dulce niño! Desde aquí te veo lobo manso que aulla a la luz de su amada, de aquí te siento, junto al frío de tu respiración, desde las páginas del libro en que te leo.
¡No llores más!¡No mueras otra vez! Conviértete en aire, respira en el claro de luna.
En tu mundo de sombras no entra ni una más, lo sé... dale espacio a la mía. Deja que la luz de tu cielo bañe tu rostro. Tú eres el dueño de tus sueños y yo el alma que aguarda tras las tinieblas de estas hojas manchadas.
Toma tus miedos, que al final del camino el verdugo espera, ahí en el mismo lugar, en ese punto específico de nuestras almas donde hasta el silencio calla, las ramas de los árboles reprimen sus danzas, el mar no conoce movimiento. No te preocupes amor mio, que el claro de luna te sigue silenciosa y enciende la llama de tus esperanzas, sé comprensivo, nadie es culpable de asesinar su dolor.
Ese dolor cariño ¿lo llamas amor? Amar es el escocer del corazón, amor es el sinónimo del dolor, como el sueño de la vida ¿eso dices? Empiezo a creer que tienes razón, cada párrafo me llama a amarte, pero me duelen las lágrimas que escapan desde lo más profundo de ti, como la retirada de la guerra que ya no vale luchar.
Dame tu mano, viaja conmigo, la luz de la luna no nos abandonará, es fría luz pero disipa la oscuridad con su manto.
Siéntate a mi lado ¿Qué observan esos melancólicos ojos? ¿no son acaso las estrellas? Son las proyecciones que dajaste ir y derraman cristalinas lágrimas esperando que subas a alcanzarlas para que las guardes en lo más profundo de ti y vuelvas a brillar. El claro de luna te llama.
Recuesta tu cabeza en mi, la somnolencia te gana, la madre luna acaricia tu piel y cubre tu cuerpo ya no hay temor, el arpa ha dejado de sonar. Tus dedos ya no rasgan, acarician. El mar te baña amor, ya no hay culpa; la hoja del hacha ha destrozado la muerte y las estrellas bajan a tu encuentro, dejaré que la hoguera arda hasta la nueva aurora, entonces tu ya no estarás, el claro de luna ya no te llorará, mañana no dejará caer el rocío. Cuídate amor, dulces sueños.
Al fin puedo cerrar este libro, creo que será bueno que yo también duerma, aunque aun no sea para siempre...
Bien, he aquí mi última creación, nada que decir, gracias a mis lectores como siempre y porfavor, limitense a comentar el texto, para lo otro me tienen a mi en persona...Nos vemos!

