domingo, 31 de agosto de 2008

Caminaba en medio del bosque con el corazón atento a cualquier sonido.
Él vendría.
El aroma del rocío llenaba mi cuerpo al igual que el canto de los pájaros que al llegar a mi alma se convertían en un rugido de gloria que no me pertenecía. Traté de permanecer firme pero tuve que caer para sentir el peso de la vida sobre mi, esperé un momento, dijo que vendría a levantarme si un día creía que no podría hacerlo sola, pasaron días y semanas y no llegaba, me hice amiga del sol y de la tierra, les confíe mi vida pero ninguno me confió la suya.
En mi nuevo lecho solía contar mis historias en los diferentes mundos, cuando estas eran elegres mis amigos me lo hacían saber, el Astro Rey resplandecía más que nunca y la madre Tierra llenaba a sus hijos de flores y frutos, hacían fiestas e invitaban a sus amigos, el viento siempre llegaba con su traje de gala y deslizándose lentamente me envolvía, en silencio me susurraba:
-¿Me concedes esta pieza?
-Por supuesto que no - le contestaba -Él me vendrá a levantar, dijo que lo haría.
Conocí a las nubes también quienes al oír las tristes historias escondían al Sol que no le gustaba mostrar su tristeza y en su lugar dejaban caer millones de lágrimas, venían también la Luna el cielo, las estrellas, venían todos, pero él no venía.
Fueron días y noches de máscaras alegres que escondían mi sentir pero nadie lo notaba.
Las raíces se iban apoderando de mi cuerpo, ya no podía moverme, pero seguía esperando.
Un día ya no pude más y mi llanto rompió la calma, quería huir, quería ponerme de pie pero ya era demasiado tarde y nadie me quiso ayudar, argumentaron que siempre quisieron hacerlo pero yo me empeñaba en contestar que 'él vendría a levantarme', un Él que no existía.
-¡Estoy sola, en este miserable mundo estoy sola! -Bramé con tanta rabia y dolor que la Tierra se estremeció.
Me miraron todos en silencio, la indignación se hacía presente en los ojos espectantes, uno a uno marcharon lejos, para no volver, para no mirarme otra vez, para no sentirme cerca
No había ni oscuridad, no vacío, ni soledad ni siquiera había Nada, estaba yo apenas, llorando con lágrimas que tampoco caían
-Él no está, no vendrá, te buscó años y años y no te encontró, te esperó porque confiaba que eras fuerte, él no existe, nunca estuvo ni estará, no queda ni un recuerdo, ni un abrazo -Cantaban voces a lo lejos, en una lejanía que tampoco era cierta.
Volví a gritar pero la voz también se fue y los cantos eran una mentira, sentí un estremecimiento. Abrí los ojos.
Estaban allí riendo y contando historias, yo era una inexistente en ese círculo. Reflexioné, estaba agitada por aquel sueño que tuve mientras dormía, lo recordé todo.
Me puse de pie y fui donde ellas a reír, no tenía que esperar si sabía que yo sola podría ponerme de pie, Él... ¿Quién era? Sentí calma, ellas siempre estaban ahí riendo, Él ya no importa, no era mi mundo.
Volví a reír, comprendí que ellas, las muchachas que conversaban al rededor mio eran el mundo, la lluvia, la noche, la tierra, las nubes, el mar, los ríos y que su presencia eran mi gran salvación.










Perdónenme si alguna vez no los vi ni los tomé en cuenta, empeñada en creer que estoy sola, esperando cosas que no llegarán si no las busco, los quiero a todos