martes, 17 de diciembre de 2013

Palabras, palabras, palabras...

Lo tengo en la punta de la lengua…
Estoy a punto de decirlo…

Ojalá pudieras leer mi mente.
Ojalá pudieras recoger todas las palabras que se cayeron de mis ojos.
Ojalá me estuvieras leyendo a través de esta distancia.
Me gustaría que nuestras canciones se colaran por tu ventana y te trajeran de vuelta.

Pero ¿Qué podemos hacer? Sólo atino a reír con nostalgia cuando pienso que nunca tuvimos ni pies ni cabeza.
¿Y qué más?
Si tan sólo me vieras pasar en la interminable fila de gente que no te importa, me tomaras de la mano…

Quiero decirlo, pero no puedo.
Invitarme a pasar por alguna grieta y tomarnos un té.
Eso sonaba más bonito en mi cabeza…

¿Por qué pienso que podrías estar leyendo esto?

No encuentro forma alguna de volver, cada vez estoy más lejos.
Quizá alguien nos inventó, nos consideró una idea absurda y nos desechó.
Quizá por eso estamos vagando… Perdón. Quizá por eso yo sigo vagando, tratando de encontrar las palabras, el medio, la forma de decirte: estoy aquí, yo todavía…

Creo haber mencionado alguna vez que me merecía una solemne patada en la raja por hueona. Sigo creyendo eso. A lo mejor es mi única convicción.

Una sonrisa para no tener que empezar la conversación, una sonrisa para tener que terminarla.
“Hola”

Hoy llueve más que nunca. Hoy me enredo en las plantas y los hoyos de las calles. Sí, hoy llueve.

Ahora que soy un fantasma borroso que se cruza cada vez con menos frecuencia por los pasillos de tu memoria, creo que empiezo a desaparecer.
Ahora que me desvanezco entre buenos recuerdos, me siento más triste que nunca.
Mis manos siguen escribiendo sin saber qué decir. Sin querer decir algo más. No quiero escribir más. Mis dedos siguen buscando las letras que puedan terminar con todo esto y creo que casi las tengo.

Por favor escúchame cuando digo que yo no me he ido.

Era mentira que me quería ir. Cuánto hubiera dado por quedarme ahí. Ser un árbol que espera quién sabe qué.
La verdad surgió de un sueño que todavía no puedo olvidar.

-“¿Por qué te empeñas tanto en olvidarme?” -Preguntó en un abrazo
-“No intento olvidarte, yo…


Todavía te extraño” -Respondió en una lágrima


lunes, 14 de octubre de 2013

No pude inventar un título

Me quiero morir

Pero no se preocupe, no me voy a matar.
¿No le parece tonto? No sería capaz de acabar con todo esto. Estoy tan resignada que me resigno a vivir. Sigo adelante... puede que no avance pero... algo es algo.

De todas formas me quiero morir. Dejar de vivir conmigo. No quiero seguir castigándome así. No sé en qué me equivoqué. ¿Puede usted decírmelo? No sé a quién le hice tanto daño, no sé a quién le deseé tanto mal. Siempre traté de llevar mi vida como una mujer de bien. Usted entiende: Colegio de monjas, palabra de Dios, buen samaritano, "no hagas lo que no quieres que te hagan", en fin.
Es como un círculo vicioso, las monjitas y mi hermosa familia, muy unida y constituida, me enseñaron a tener el corazón siempre abierto, tanto así que cada vez que entrego, termino más pobre que como llegué ¿Dar todo a cambio de nada? Eso es una mentira que un idiota como yo inventó para justificar su dolor como última esperanza.
Nunca he odiado cuando me han roto el corazón.


Sí.


Mi corazón está roto. No sé cómo, cuándo ni dónde; quizá llegó a mi cuerpo con esa pequeña llaga incurable o se fue deshaciendo en el camino... no sé si importa mucho ahora,  la cosa es que ahora está así. O ya no está, creo que eso es mucho más correcto: No hay corazón. ´


¿Cómo se puede vivir así?

 
Nunca lo he sabido, sigo por inercia, por eso me quiero morir. Pero ya le dije que no lo voy a hacer. ¿De verdad me ve haciéndolo?  Imagine mi cuerpo colgando de una viga, echado en una tina o en un sofá, pastillas, alcohol... Y después de muchos días... Podrida; porque, le aseguro que no me van a encontrar tan pronto, a menos que me tirara de la azotea del edificio más alto ¿Se lo imagina? Yo sí... a veces, cuando me siento así. Pero no, quizá sólo por el hecho de imaginarlo no lo haría.

Tengo sueños ¿Sabe? Muy lindos, tanto así que yo no soy para ellos. En estos sueños no hay mujeres desastrosas ni cobardes que se quieren morir. La mujer que está ahí es valiente, es exitosa, linda y todo lo que yo no soy. Esa mujer consigue todo, es feliz.

Si usted estuviera en mi lugar, quizá me entendería. Todas las mañanas despierto con las ganas de hacer las cosas bien y dar un vuelco a mi vida. Sentirme exitosa, hermosa, talentosa y todo lo demás; pero no hay caso conmigo, siempre termino odiándome al final del día. Yo y yo no tenemos una buena relación, esa es la verdad.

 
No, cuando me veo en el espejo, veo imágenes borrosas, me veo gorda ¡No me ponga esa cara! Ya sé que no estoy gorda. Cuando me encuentro con mis ojos, veo que me quiero morir. Y pensándolo bien, puede que no sea tan mala idea, al final es lo único que voy a conseguir tarde o temprano, aunque no por mi propia mano, puede estar seguro.


Así que ahórrese los medicamentos y las terapias, me voy con dos cosas muy claras:
Moriré algún día.
Lo anterior no va a ser por suicidio.


Tomo la opción de vivir porque soy demasiado cobarde como para tomar la decisión de los cobardes. Tal vez sea mejor así. Quizá detrás de todo esto, hay algo bueno para mí, puede que no sea tan monstruo como me imagino, pero eso aun no lo sé. Por ahora le puedo asegurar que todo esto duele demasiado, el peor enemigo es uno. Cuando la guerra es con nosotros mismos, El oponente está en nuestras trincheras, durmiendo en nuestras camas y leyendo todo el plan que tenemos para vencerlo. Cada herida que reciba, será una herida para nosotros. No hay compasión, no hay tregua, es un acto de destrucción, es una forma de suicidio, pero en este caso, la muerte es vivir desangrado.

No me haga caso, por favor.


Usted quédese tranquilo y no se despida de mí, porque le aseguro que voy a volver.

sábado, 8 de junio de 2013

Caos

¿Qué hago con esta miseria? ¿Dónde me escondo ahora?
 ...
Estas son las palabras que recogí, en una inspección de rutina por los vagones del alma humana. El amor es caos, es arte de la sangre. En resumen, me encanta.


        Esta es la hora terrible, trágica y dolorosa en que tengo que escribir porque ya no puedo hablar y eso me vuelve loca. Esta es la hora en que me haces falta. Esta es la hora en que la luna decide posar sus ojos en ti y seguirte sólo para encontrarte lejos, en otros brazos. Supongo que nunca fui tu casa.
Puede parecer tonto, y yo sé que piensas que lo es: "No es tan terrible". De acuerdo, reconozco las calles, los autos, la cantidad de pasos, las luces; sin embargo, siento una tristeza tan pequeña y aguda, sobre todo cuando pienso que nunca voy a estar a tu altura, no importa cuántas vidas vengan después de esta, ni cuánto me esfuerce por ser mejor.  Sólo entonces me doy cuenta: Caminar o correr, da lo mismo. Nunca me vas a dejar caminar a tu ritmo. Las distancias se alargan, el tiempo se rompe y no hay forma de que pueda alcanzarte, el hilo que me ata a ti se rompe y ya es demasiado tarde. Te perdí de vista.

Va a llover...
Mañana nadie va a caminar por la calle, va a ser un día gris, una tarde larga y por sobre todo una jornada triste. A eso de las cuatro me prepararé un té, tomaré un libro y pensaré en los kilómetros de palabras no dichas que nos separan. Por eso escribo, tengo la esperanza de acortar distancia, mirarte a los ojos y culminar esta carta tonta.
Es posible que no te des cuenta o que no quieras admitirlo, pero esta es la verdad. Tus habitaciones están llenas, no hay más espacio en tu salita de espera, me he quedado afuera, buscando ventanas, pero están cerradas. Tu corazón es más grande de lo que puedes imaginar y está sangrando amor, no hay sillas vacías ni rincones sin utilizar, tu universo no da a basto y por eso mismo es maravilloso, pero yo no puedo entrar, aunque fuera aire.

Si alguna vez quisiste soñar conmigo, debes saber que yo siempre deseé estar ahí, te lo agradezco, me encantaría poder entrar a la fuerza, asaltarte y no salir más. No lo olvides, yo existí, frente a tus ojos, entre tus manos, junto a tu alma.

Este no es un intento de olvidarte
Yo todavía te extraño

lunes, 22 de abril de 2013

Se vino sobre mí, como un huracán. Sin aviso.

Toma nota: He muerto.

Se fragmentó la tierra bajo mis pies, grité y nadie me oyó. He muerto en una calle cualquiera, bajo un árbol cualquiera, ante los ojos de cualquiera. ¿Te parece justo?
Allá a lo lejos se caen las estrellas, se deshacen las promesas y se quiebran los besos que dejamos tirados.

Toma nota: Perdí.

El mundo se está acabando, me derrumbo despacio. ¿Cómo te puedes marchar si este suelo no deja de moverse? ¿Cómo lo haces? Saltas de recuerdo en recuerdo, vuelves a la partida, me miras, te limpias las manos y te vas. Yo sigo en la agonía.

Otra nota: Te quiero.

Es verdad... es verdad que esta lluvia me va a encontrar desnuda y que tú le verás la cara más fea a la luna, desde el otro lado de esta mentira. ¡Y te vas a reír en su cara!
¿Qué hago con esta miseria? ¿Dónde me escondo ahora?
Los cimientos de nuestra casa se hunden, se aplastan, se desarman, me desarman. ¡Estoy gritando!
¿me oyes?
¿ME OYES?
Eres increíble. Supiste hacer que piense en ti, incluso ahora.

Otra más: Ganaste.

Tengo aura de pesar, en un rincón oscuro de la ciudad, he muerto, he dado el último suspiro y te has llevado todo contigo.
El mundo se acabó, el mar se consumió, el infierno se congeló y adivina qué
TENGO FRÍO
TENGO SED
ESTOY MUERTA
¿Ves ese árbol? Se le ha deshecho la corteza por los años y años que llevó ahí, apoyada, cantando sola.
Ahora  no estoy y tú tampoco
Ahora tú vives la mentira que eres y serás
y yo muero las verdades que me callo
No hay más, desapareció la tierra, desapareció el cielo, los ángeles se han marchado. Dios se aburrió de esperar a que le creamos y se fue a inventar hombres como nosotros a otro corazón.

Última pista: Tu mano.

¿es mi mano la que se encuentra allí?
¿eres tú el que me lleva a la tumba esta tarde?
No hay cementerios, déjame aquí o llévame contigo...
Ahora que lo pienso...
¿Qué haces aquí? ya te hacía lejos...

lunes, 15 de abril de 2013

Nada

Caminaré veinte pasos, me detendré y pensaré, sólo unos instantes, si quizá debería...
...
No. Esas cosas pasan sólo en las películas.
Nadie va a retroceder sobre sus huellas para alcanzarte sólo por tener un minuto más.
No vale la pena mirar hacia atrás.
No hay nadie.
El mundo sigue girando a tu lado y contigo también, todos siguen su camino, a nadie se le ha cruzado la idea de volver sobre sus huellas y cogerte por grata sorpresa.
Eso no va a pasar. Admítelo.
...
Perfecto. Seguiré caminando y pensando que cada despedida es un constante volver y volver a la misma soledad, a esa puta insaciable que no tiene nada mejor que hacer que vagar conmigo cuadras y cuadras.
...
Parece estúpido lo que voy a decir, sobre todo si lo digo a estas alturas, cuando definitivamente no tengo nada, absolutamente nada que ganar, pero lo diré, para que lo sepas y lo sepan todos.

La ventana está abierta ¿Vas a entrar? o, mejor ¿Te vas a  quedar mirando cómo vuelvo a mi cama en plena oscuridad luego de deshacer el suelo caminando de un lado a otro?
La ventana está abierta y tengo frío.
Te veo pasar a veces. Lo sabes, ya me has visto. Ahora quédate.
Toma mi mano ahora o deja que me marche a recoger mi cuerpo... ahí donde lo dejé botado, en la esquina entre tu casa y mi casa, donde se divide el camino y volvemos a ser uno o dos... depende... si vamos o volvemos.
Yo te propongo que vayamos, a la plaza, al campo, al fin del mundo o veinte pasos más allá; pero no volvamos... eso no... no nos despidamos.
...
Sigo pensando, sigo caminando. La soledad empieza a colarse por mis labios.
¿Va a dolernos dejar de jugar a que nuestra vida -nuestra, nosotros- va a ser más sencilla?
¿Va a dolernos si desde el principio sabemos que no es así?
No aprendemos nada...
Ya sabes que por dejar la ventana abierta he sufrido golpes terriblemente dolorosos (sí, me refiero precisamente a eso). Pero está bien.
En realidad no. Creo que después de todos mis intentos no he aprendido NADA
...
No sé qué podría decir que no sepas de antemano, si sabes todo, menos en qué lugar de la repisa esconderme.
No sé qué podría decir, si ahora, hasta la brisa es un arma de doble filo.
Puedo decirte que he caminado mucho, que me detuve un par de veces y aunque sabía que era inútil, miré hacia atrás y no vi nada.
Y vi una película donde pasaba todo, y yo imaginé que pasaba todo.
Que arranqué a la soledad y la pateé otras tantas cuadras para que se aburriera de jugar conmigo.
Que finalmente no dije nada.
Dejé la ventana abierta y desperté tan sola como siempre.
Que la herida (precisamente esa) me duele.
Que pensé: "mierda" cuando quise hablar y no pude.
...
Y cuando parece que lo he dicho todo
créeme, no dije nada

lunes, 11 de marzo de 2013

Recurrente

Llevo días dándole vueltas a un asunto...
echada en mi cama, sentada en la micro, tomando una cerveza, etc... y no consigo entender en qué mierda estaba pensando cuando decidí que todo lo acontecido tiempo atrás era una buena idea para mí.
Quizá me merezco el premio a la gran estúpida de estos cuatro o cinco últimos años, un reconocimiento aunque sea por el mérito de ser tan ingenua.
Y todavía no lo entiendo ¿En qué habré estado pensando cuando decidí acabar conmigo de esa forma?
En realidad no sé si habré estado pensando... yo creo que no.
Debí estar en un sueño realmente muy profundo como para permitir a ojos cerrados que me destrozaran el corazón de esa forma tan repetidamente ridícula. Realmente debí estar demasiado sorda para no escucharme; porque, dejemos las cosas claras: En el fondo uno siempre sabe cuando está metiendo las patas a fondo. A uno le encanta meter los pies, la cintura y todo el cuerpo al barro y en medio del frío a sabiendas de las consecuencias.
No sé en qué estaba pensando cuando me rendí a la vaga evidencia de que quizá todo podía ser diferente ahora.
¡Qué frustración! ¡Qué rabia! ¡Qué desolación! y podría seguir con exclamaciones parecidas sin acabar de expresar satisfactoriamente todo lo que siento a estas altura.
Paso horas dándome vueltas en la cama, tratando de entender qué pasó; en qué parte del plan perfecto todo empezó a fallar. En qué palabra, en qué mirada, en qué sonrisa me condené a este destierro y no puedo precisarlo. Es entonces que el torturarme se me hace recurrente.
No soy capaz de atribuir culpas ni disculpas, no soy capaz de olvidar y las horas se me van tatuando en la piel sin misericordia, perdiendo días y noches en una batalla que no tiene oponentes y por lo tanto no tiene ganadores ni perdedores.
Quizá no debería recibir un premio, más bien deberían otorgarme una solemne patada en la raja por huenoa y lo asumiría con un premio absolutamente merecido.
Consciente de que pierdo el tiempo le doy vuelta la página a las semanas y preparo mis armas para desarmarme ante la primera arremetida de sus palabras, pero ya lo he dado por hecho y lejos de tener miedo me resigno a esperar que estas preguntas (que seguramente no se responderán) tomen retirada y dejen de bailarme en los sueños y en los desvelos.