¿Qué hago con esta miseria? ¿Dónde me escondo ahora?
...
Estas son las palabras que recogí, en una inspección de rutina por los vagones del alma humana. El amor es caos, es arte de la sangre. En resumen, me encanta.
Esta es la hora terrible, trágica y dolorosa en que tengo que escribir porque ya no puedo hablar y eso me vuelve loca. Esta es la hora en que me haces falta. Esta es la hora en que la luna decide posar sus ojos en ti y seguirte sólo para encontrarte lejos, en otros brazos. Supongo que nunca fui tu casa.
Puede parecer tonto, y yo sé que piensas que lo es: "No es tan terrible". De acuerdo, reconozco las calles, los autos, la cantidad de pasos, las luces; sin embargo, siento una tristeza tan pequeña y aguda, sobre todo cuando pienso que nunca voy a estar a tu altura, no importa cuántas vidas vengan después de esta, ni cuánto me esfuerce por ser mejor. Sólo entonces me doy cuenta: Caminar o correr, da lo mismo. Nunca me vas a dejar caminar a tu ritmo. Las distancias se alargan, el tiempo se rompe y no hay forma de que pueda alcanzarte, el hilo que me ata a ti se rompe y ya es demasiado tarde. Te perdí de vista.
Va a llover...
Mañana nadie va a caminar por la calle, va a ser un día gris, una tarde larga y por sobre todo una jornada triste. A eso de las cuatro me prepararé un té, tomaré un libro y pensaré en los kilómetros de palabras no dichas que nos separan. Por eso escribo, tengo la esperanza de acortar distancia, mirarte a los ojos y culminar esta carta tonta.
Es posible que no te des cuenta o que no quieras admitirlo, pero esta es la verdad. Tus habitaciones están llenas, no hay más espacio en tu salita de espera, me he quedado afuera, buscando ventanas, pero están cerradas. Tu corazón es más grande de lo que puedes imaginar y está sangrando amor, no hay sillas vacías ni rincones sin utilizar, tu universo no da a basto y por eso mismo es maravilloso, pero yo no puedo entrar, aunque fuera aire.
Si alguna vez quisiste soñar conmigo, debes saber que yo siempre deseé estar ahí, te lo agradezco, me encantaría poder entrar a la fuerza, asaltarte y no salir más. No lo olvides, yo existí, frente a tus ojos, entre tus manos, junto a tu alma.
Este no es un intento de olvidarte
Yo todavía te extraño