lunes, 3 de octubre de 2011

De la ciudad y las Penas

"Se ha ido..." Así me han susurrado las grietas de las calles mientras caminaba.
"¿Creías que nunca más caminarías sola?" Se mofaron los postes inertes con sus tristes luces.
"Siempre supe que esta ciudad estaba hecha para que uno camine solo, uno siempre camina solo" Respondí a gritos para no llorar.
Y sin embargo... lloré.
Bailé con la histeria que le hizo reverencia a mis pasos desgarrados y después supliqué por mil noches sin sueños, para no tener que oírte cantar, para no caer a tus pies como pedían mis debilitadas fuerzas
"todavía queda camino, no desistas"
Viajé a lo profundo del espacio y allí le encontré, inmerso en la nada, soñando con ruletas que no paraban de girar, con su suerte pendiendo de ellas, las muy putas. Demasiado concentrado para mirarme me adentro en lo profundo de sus sueños y viéndolo desde lejos, lo cuido.. ¡silencio! Él no puede saber que vengo a velarlo. No puede saber que cada noche soy la última en cerrar la puerta de sus pensamientos y en un rincón, tras el telón negro, me quedo sentada, atenta a sus pesadillas, esperando que su dormir sea siempre placentero y no tener que ir nunca a socorrerlo.
La verdad es que no sé hasta dónde duelen sus ausencias y dónde comienza el dolor de su presencia que termina por acabar con mis ganas de ser, podría volar lejos...
Pero el enemigo no está en esta ciudad de ruidos maltrechos, está dentro, donde quiera que vaya, él va conmigo... sólo el tiempo hace que su resistencia se despedace como migas y caigan sobre la tierra como tristes lágrimas, como un canto apagado que se deshace en el viento, para ser un murmullo demasiado inaudible como para que importe.
como para que me importe
como para que te importe
"¿Te sientes sola?" preguntaron con una risita las paredes "¿Quién te abrazará esta noche?"
Me tapé los oídos con la fuerza de las olas al chocar contra las rocas y ahí me quedé, tendida en el frío suelo, sintiendo las risas penetrar a través de mi piel.
Esta noche me abraza la soledad, como la madre que siempre supo que ibas a terminar sola, deja que llores en su vestido y te acaricia el cabello como queriendo decir "te lo dije" y tú sabes que es cierto, te lo dijo cada vez que entregaste tus labios a un beso nuevo.
Pero poco a poco la burla de la vida se irá haciendo una rutina que al cabo de un tiempo perderá su efecto y entonces estaremos listos para reescribir esta historia.
De todas formas ¿cómo sabes que el mundo nunca lloró por amor?

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